TIERRA FÉRTIL

Florida vive en la comunidad Miguel Hidalgo, en Chiapas. Durante años, su vida giró alrededor del cuidado del hogar y el trabajo no remunerado en el campo. El dinero lo administraba su esposo. Las decisiones importantes no siempre pasaban por ella.

En su comunidad, como en muchas zonas rurales del sur de México, las mujeres enfrentan desigualdad económica, limitada participación en la toma de decisiones y acceso restringido a oportunidades productivas. Después del sismo de 2017, la reconstrucción no solo fue material, también fue emocional y social. Muchas familias perdieron más que sus casas: perdieron estabilidad, ingresos y esperanza.

Fue en ese contexto que comenzó Tierra Fértil.

El proyecto nació como un proceso de acompañamiento a mujeres rurales para la creación de huertos agroecológicos comunitarios. Lo que empezó como una estrategia para mejorar la alimentación se convirtió en algo mucho más profundo: un espacio de encuentro, aprendizaje y autonomía.

“Yo nunca había hablado en público”, cuenta Florida. “Ahora doy talleres a otras mujeres y hasta voy a otras comunidades a enseñar lo que aprendimos”.

A través de formación en agroecología, economía solidaria y organización comunitaria, las mujeres no solo mejoraron la calidad de su alimentación, también comenzaron a generar ingresos propios. Gracias al apoyo de Fundación ADO y Fundacion Estafeta, durante 2025 el proyecto creció hacia la construcción de una panadería comunitaria como parte de una estrategia de economía circular.

Durante este año:

Mujeres rurales fortalecieron sus capacidades productivas y organizativas

Se construyó el cascarón y el horno de la panadería.

Se generaron ingresos propios para las participantes.

Mujeres formadas comenzaron a replicar el modelo en comunidades vecinas.

Pero el impacto más profundo no se mide solo en kilos cosechados o en ingresos generados. Se mide en decisiones compartidas, en participación pública, en mujeres que ahora se reconocen como sujetas de derechos y agentes de cambio.


Tierra Fértil demuestra que cuando se invierte en mujeres rurales, no solo crece la producción. Crece la autonomía, la dignidad y el tejido social. Porque regenerar la tierra también es regenerar la vida.

Florida vive en la comunidad Miguel Hidalgo, en Chiapas. Durante años, su vida giró alrededor del cuidado del hogar y el trabajo no remunerado en el campo. El dinero lo administraba su esposo. Las decisiones importantes no siempre pasaban por ella.

En su comunidad, como en muchas zonas rurales del sur de México, las mujeres enfrentan desigualdad económica, limitada participación en la toma de decisiones y acceso restringido a oportunidades productivas. Después del sismo de 2017, la reconstrucción no solo fue material, también fue emocional y social. Muchas familias perdieron más que sus casas: perdieron estabilidad, ingresos y esperanza.

Fue en ese contexto que comenzó Tierra Fértil.

El proyecto nació como un proceso de acompañamiento a mujeres rurales para la creación de huertos agroecológicos comunitarios. Lo que empezó como una estrategia para mejorar la alimentación se convirtió en algo mucho más profundo: un espacio de encuentro, aprendizaje y autonomía.

“Yo nunca había hablado en público”, cuenta Florida. “Ahora doy talleres a otras mujeres y hasta voy a otras comunidades a enseñar lo que aprendimos”.

A través de formación en agroecología, economía solidaria y organización comunitaria, las mujeres no solo mejoraron la calidad de su alimentación, también comenzaron a generar ingresos propios. Gracias al apoyo de Fundación ADO y Fundacion Estafeta, durante 2025 el proyecto creció hacia la construcción de una panadería comunitaria como parte de una estrategia de economía circular.

Durante este año:

Mujeres rurales fortalecieron sus capacidades productivas y organizativas

Se construyó el cascarón y el horno de la panadería.

Se generaron ingresos propios para las participantes.

Mujeres formadas comenzaron a replicar el modelo en comunidades vecinas.

Pero el impacto más profundo no se mide solo en kilos cosechados o en ingresos generados. Se mide en decisiones compartidas, en participación pública, en mujeres que ahora se reconocen como sujetas de derechos y agentes de cambio.


Tierra Fértil demuestra que cuando se invierte en mujeres rurales, no solo crece la producción. Crece la autonomía, la dignidad y el tejido social. Porque regenerar la tierra también es regenerar la vida.

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